El ciclista de Tiflis

Sudo como un cerdo bajo el quepis, me cuezo dentro del uniforme como si vistiera cota de malla. Tenía que tocarme guardia en el Banco Nacional la mañana que más calor hace en esta puta ciudad. Tiflis, encajada entre montañas, es un horno cuando llega junio. En el mármol de la fachada reverbera la luz: detrás mío crepita una fundición. El cielo parece que va a romperse de lo azul que está, incandescente, ni una nube: la mañana perfecta para pasársela bebiendo a la puerta de una de las infinitas tabernas de la ciudad como hacen los que abarrotan el Tilipuchiri justo en frente. Cabrones. Hay bastante gente hoy. En la tasca y en toda la plaza. Es como si Tiflis entera hubiera salido a tragarse a sorbos el espléndido aire del verano. Continúa leyendo El ciclista de Tiflis

El individuo número 13

Era una mañana estupenda, ¿sabes? Hacía calor, un sol espléndido, un cielo azul limpio y claro, radiante. Yo salí a comprar el pan y a hacer un par de mandados. Jamás lo olvidaré: tres barras en la panadería de la esquina, seis botellas de agua en el colmado de en frente y al final de la calle, en la pescadería, un kilo de gambas y otro de acedías para el almuerzo. Continúa leyendo El individuo número 13

La carretera

Llevaba más de dos horas conduciendo y empezó a cansarse. Salió con la última luz del día, que también era la del año, y en su camino había visto ennegrecerse el cielo con el mayor espectáculo del mundo. Continúa leyendo La carretera

Cuando

Cuando los bárbaros asaltaron la ciudad, y se desparramaron por todas sus cloacas, el magnífico emperador, vistiendo su mejor seda, bebió la cicuta en su balcón, mirando cómo se ponía el sol. Continúa leyendo Cuando

El tipo del bar

La verdad es que hacía un frío de cojones. Fue un invierno especialmente jodido. Entré en aquel bar. Era el segundo de la noche. Había previsto más; la cosa se enredó en el primero. De allí salí como una cuba. Dejé al resto pidiendo absenta y salí a escape sintiendo punzadas del aire gélido hiriéndome los pulmones. Quería despejarme. Lo necesitaba. Con la neblina mental del borracho caminé hacia el callejón de en frente y entré en un garito que apenas conocía. Continúa leyendo El tipo del bar

El nocturno

Han pasado algunos días y sin embargo, no estoy seguro de contárselo a nadie. De todas formas, ¿quién iba a creerme? Lo que presencié, lo que me ocurrió la otra noche, es tan absurdo, tan estúpido, que me espanta sólo imaginar que alguien pudiera incluso leer estas palabras que escribo. Y sin embargo, ¡fue tan real! ¡Tanto! Mantengo tan vívido el recuerdo del instante, que a veces desvarío y quiero convencerme de que fue un sueño. ¡Ojalá lo hubiera sido! Pero pasó. Pasó, no estoy loco.  Continúa leyendo El nocturno