Notas

Por qué se necesita una bandera

22281561_10209838774757161_5880495335961306099_n.jpg

Cunde entre los bienpensantes la especie de que todas las banderas son iguales, cuando no hay nada más falso. Hay banderas y hay trapos. El grado de diferencia lo marca qué ampara cada una. Esto es capital, aunque las almas bellas se empeñen en negar la importancia de los símbolos. Sigue leyendo

Estándar
Notas

La Gente

“La gente” es el fetiche retórico de Podemos. Todos sus líderes comienzan y acaban sus discursos mentando este artefacto discursivo. “Nunca más un país sin su gente”, “por un gobierno de la gente”, etc. Sigue leyendo

Estándar
Hemeroteca

22 de enero de 1936

Ahora que está de moda odiar, entiéndanme, hablar públicamente de ello puesto que odiar es uno de los motores de la Humanidad y no la lucha de clases como creía Marx; ahora que se hace proselitismo del odio, del hate, y hay más haters que sujetos susceptibles de ser odiados, encuentro que se acomoda maravillosamente bien este texto publicado en La Vanguardia del 22 de enero de 1936, en la sección Vida de Sociedad:  Sigue leyendo

Estándar
Comentario

Discurso del chamán a la tribu

Desde la alcazaba de Almería, quién sabe si como metáfora sutil de su condición de ciudadela amurallada en la cumbre del socialismo español, Susana Díaz amenizó la cena de ayer de los andaluces que sintonizaban Canal Sur en ese momento. Como todo el mundo sabe, el target decisivo de la televisión pública de la Junta lo constituyen hombres y mujeres comprendidos en esa franja de edad entre los 40 y 85; de ahí, posiblemente, la solemnidad institucional de hacer sonar el himno al principio (ese himno horrísono, cacofónico, inventado por Blas Infante y sacralizado desde los 80 como poco menos que La Marsellesa andaluza) y el cartelito hecho con el Word Art anunciando el discurso con cutre pompa. Susana iba de negro. Su efigie oscura contrastaba con la lechosidad artificial del patio de armas de la alcazaba, iluminada como si fuera un quirófano reflectando en la negrura de la noche almeriense. Sigue leyendo

Estándar
Crónica

El patio de Monipodio

La identificación Real Madrid-España es tan ridícula como la de Fútbol Club Barcelona-Cataluña. O más. El Madrid no es el brazo armado de ninguna ideología política, como tampoco es el sostén social de nacionalismos espurios ni chovinismos grasientos. El Real no es nada de eso, aunque yo entiendo que haya quien lo defienda porque es una cosa muy rentable. Show me the money. Tomás Roncero, por ejemplo, lleva 20 años viviendo de esta vaina, y ahí sigue, como el campeón mundial del periodismo de gañote y montera. En el Madrid no tienen por qué jugar futbolistas españoles. Quiero decir que, por supuesto, no tienen por qué hacerlo antes que, qué sé yo, franceses, senegaleses o peruanos. Este club no es eso por más que haya una horda de opinadores profesionales que sostengan la tesis de que el Madrid es un tercio de la Legión. Y no, mire usted. Ese madrileñismo fundamentado en círculos concéntricos de castas endogámicas, que pretende hacerse con el control del Real a golpe de caspa, es una aberración. Y como el hijo de puta, esto hay que decirlo más. Yo sé, repito, que todo esto es un negocio extraordinario por que hay mucho paleto dispuesto a comprar ese mensaje. Mucho españolito medio que, cumpliendo el papel de perfecto gañán berlanguiano, cree que ser español y del Madrí es como ser nieto del Cid. Y más en estos tiempos de crispación, con los catalanes transmutando al Barcelona por los almogávares y venerando a Guardiola como a la reencarnación calva de Roger de Flor. Allí ese target existe, y está muy bien definido desde el origen mismo de esa institución. En Madrid, sin embargo, la cosa es nueva, como una suerte de imitación chusquera surgida en los 80, o quizá en los 90, o vaya usted a saber cuándo, por que la verdad es que este tipo de delirios colectivos se pierden en la noche de los tiempos. Posiblemente al Madrid le dieron las llaves de la tumba de Santiago apóstol cuando dejó de ganar en Europa: como la navaja de Ockham, la explicación más simple siempre es la más acertada, y se tiende a suplir la ausencia de talento con altas dosis de amor propio e intangibles. De eso al onanismo, ya lo saben, media tan sólo un paso. En todo caso, urge terminar con esta charlotada pues amenaza con fagocitar la institución, si no lo ha hecho ya. Rechazar el cosmopolitismo intrínseco al Madrid es una forma bastante primitiva de asumir una inferioridad ante el resto del mundo: en la aldea se refugia quien no sabe combatir fuera. El oligopolio periodístico de la capital ha demostrado ya que es capaz de acudir incluso a turbias prácticas terroristas para mantener al Madrí anclado a la zarzuela del chulapo y la maja, por que sabe que si despega de todo ese cenicero intelectual, ellos están muertos.

Estándar
Comentario

Devaluación interior

De habernos sobrevenido esta crisis económica hace 20 0 30 años, una de las posibles salidas hubiese sido la de la devaluación monetaria: Sigue leyendo

Estándar
Comentario

Detritus

Con el transcurrir de los años vas aprendiendo cosas. Algunas buenas, otras malas, y la mayoría, necesarias. Útiles para el peregrinar constante hacia la nada que es esta vida perra. Es importante aprender, de todo y de todos, por que si no, cada experiencia vital corre el riesgo de quedar vacía. Es decir, si no sacas nada en claro de tus tropiezos, es que te has estrellado en vano. Y eso es muy peligroso, amén de estúpido. Sigue leyendo

Estándar