Reseñas

Velocidad, neuróticos y hombres fragmentados

9788433977328

Escribió Henri Bergson: Si sigo con los ojos, en la esfera de un reloj, el movimiento de la aguja que corresponde a las oscilaciones del péndulo, no estoy midiendo, como podría pensarse, una duración. Lo único que hago es contar momentos simultáneos, que es algo muy distinto. Fuera de mí, en el espacio, nunca hay sino una posición única de la aguja y del péndulo, pues de sus posiciones anteriores no queda nada. Dentro de mí se realiza un proceso continuo de organización y de penetración mutua de los hechos de conciencia, y eso es lo que constituye la verdadera duración”. Tras someter a mediciones en el espacio la experiencia de la duración vivida, la cultura occidental había convertido la experiencia en esclava de la áspera cultura espacial de los hechos y las cifras, de los centímetros y las toneladas. Lo que Bergson dio a entender era que, por el bien del éxito en el comercio y en la ciencia, la civilización se privaba de su libertad más fundamental. Para él, la conciencia tenía que depender de la memoria para crear un cuadro coherente del mundo, y, al hacerlo, la mente, por asombroso que parezca, funcionaba como una cámara de cine, proyectaba imágenes estáticas para dar la ilusión de movimiento continuo, de identidad”.  Sigue leyendo

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Notas

Madrid

En Madrid convivieron Dalí, Lorca y Buñuel igual que cuatrocientos años antes lo habían hecho Cervantes, Quevedo y Góngora. En apenas dos de sus calles se concentraron los primeros espadas de la lengua franca de la época, coincidiendo en tiempo y lugar, tanto en sus desvelos como en sus miserias y, sobre todo, en su apoteosis creativa. Alrededor de la corte siempre ha pululado todo hijo de vecino buscando su migaja de gloria, efímera o postrera, tanto da. Sigue leyendo

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