Reseñas

Nadie pagará por la sangre derramada

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Dice Simon Sebag Montefiore en Stalin: La corte del zar rojo, que cuando Bulgakov fue atacado en mitad del Gran Terror por escribir dramas antisoviéticos y “derechistas” Stalin puso las cosas claras al GPU (la Checa, luego llamada NKVD y finalmente KGB) con una carta al director del Teatro del Arte de Moscú asegurando que “no conviene aplicar a la literatura los calificativos derechista e izquierdista. Son términos propios del Partido. En literatura háblese de clase, de antisoviético, revolucionario o antirrevolucionario, pero no de derechas e izquierdas. Resulta fácil criticar Los días de los Turbín, resulta fácil rechazarla, pero es muy difícil escribir buenas obras de teatro. La impresión final que produce la obra es buena para el bolchevismo”. Sigue leyendo

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Reseñas

Velocidad, neuróticos y hombres fragmentados

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Escribió Henri Bergson: Si sigo con los ojos, en la esfera de un reloj, el movimiento de la aguja que corresponde a las oscilaciones del péndulo, no estoy midiendo, como podría pensarse, una duración. Lo único que hago es contar momentos simultáneos, que es algo muy distinto. Fuera de mí, en el espacio, nunca hay sino una posición única de la aguja y del péndulo, pues de sus posiciones anteriores no queda nada. Dentro de mí se realiza un proceso continuo de organización y de penetración mutua de los hechos de conciencia, y eso es lo que constituye la verdadera duración”. Tras someter a mediciones en el espacio la experiencia de la duración vivida, la cultura occidental había convertido la experiencia en esclava de la áspera cultura espacial de los hechos y las cifras, de los centímetros y las toneladas. Lo que Bergson dio a entender era que, por el bien del éxito en el comercio y en la ciencia, la civilización se privaba de su libertad más fundamental. Para él, la conciencia tenía que depender de la memoria para crear un cuadro coherente del mundo, y, al hacerlo, la mente, por asombroso que parezca, funcionaba como una cámara de cine, proyectaba imágenes estáticas para dar la ilusión de movimiento continuo, de identidad”.  Sigue leyendo

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Reseñas

Insomnes y febriles haciendo la revolución

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Va a hacer cien años en octubre (según el calendario gregoriano) que el Partido Bolchevique ruso tomó al asalto el poder en San Petersburgo, y un periodista americano, a la sazón comunista, estuvo allí y lo contó. A pesar de la no disimulada simpatía de John Reed, un chico de Harvard, por los bolcheviques, dejó un testimonio veraz, un texto en el que pugna por salir la memoria humeante, fétida y sangrienta de la revolución dentro de la Revolución. Y esto es así porque Reed, además de no ocultar de qué lado estaba, también decidió contar todo lo que veía. Sigue leyendo

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Historia

La increíble vida de Manolis Glezos (y III)

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La Dekemvriana, también llamada “el diciembre rojo” o “la Batalla de Atenas”, continúa siendo un episodio oscuro y turbio, sobre todo en lo referente a la implicación directa de las tropas británicas en la muerte de civiles a principios del último mes de 1944. Sea como fuere, aquello dio comienzo a una guerra civil sangrienta entre griegos. Los miles de partisanos comunistas con que el ELAS contaba en el Ática fueron diezmados por la intervención conjunta de británicos, guerrilleros de la Liga Nacional Griega Republicana (EDES) del teniente coronel Napoleon Zervas (un héroe de la I Guerra Mundial) y elementos monárquicos y colaboracionistas filonazis rehabilitados ex-profeso tras la liberación de Atenas; una coalición confusa y precaria que tenía como objetivo prioritario evitar que Grecia se convirtiese en un satélite de Moscú tras la victoria sobre Hitler. El EDES de Zervas era un ejército de partisanos heterogéneo. De inspiración venizelista, es decir, “socialdemócrata”, combatió desde el principio de la ocupación nazi junto a despojos del régimen de Metaxas y luego, en el Epiro, Albania y Macedonia, junto con los británicos, quienes rápidamente los armaron y legitimaron pues rivalizaban con el ELAS en aceptación popular, sobre todo en el campo griego. Sigue leyendo

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Críticas

La venganza de la reina rubia

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Una princesa rubia se desposa con un rey bárbaro, extranjero, feroz, exótico, salvaje, y se convierte en reina. Tiene una gran afrenta que vengar. Acepta ser dada en matrimonio al caudillo de un pueblo nómada y devastador con tal de embridar su terrible poder destructivo y hacerle levantar la espada contra sus enemigos. Hechiza a su nuevo dueño; también a su nuevo pueblo, con el sortilegio de su pelo dorado, de su carne blanca y de sus ojos de brujería capaces de sostener por sí mismos dos horas y media de película muda, e incluso más. Sigue leyendo

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Historia

Madrid, noviembre de 1936

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En la tarde del 6 de noviembre de 1936, el Gobierno de la República española, presidido por Largo Caballero, decidía abandonar Madrid. Hacía poco que, por primera vez en la Historia de España, cuatro militantes anarquistas entraron a formar parte del gabinete: Juan García Oliver, en Justicia; Juan Peiró, en Industria; Juan López Sánchez, en Comercio, y Federica Montseny, en Sanidad.  Sigue leyendo

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Reseñas

Un español en la guerra de Francia

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Cuando Francia le declaró la guerra a Alemania y ordenó, el domingo 15 de agosto de 1914, la movilización general de “tout Français soumis aux obligations militaires doit, sous peine d´etre puni avec toute la rigueur des lois” (tal y como rezaba la célebre Orden de Movilización General que hoy venden en el Arco del Triunfo y en la Torre Eiffel como souvenir, en forma de cuartilla) Agustí Calvet estaba allí. Estudiando filosofía en la Sorbona y viviendo en una pensión, la de Madame Durieux, ubicada en una plaza cuyo nombre retumbaba germánicamente: de Fürstenberg, en el corazón de Saint-Germain-des-Prés. Tenía 27 años, y la Gran Guerra, aquella “convulsión incalculable” que él compararía luego con el Diluvio Universal, lo cambió también a él; de licenciado en Filosofía y Letras con aspiraciones de erudito y académico, a periodista bajo el pseudónimo de Gaziel.  Sigue leyendo

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