Relatos

El ciclista de Tiflis

Sudo como un cerdo bajo el quepis, me cuezo dentro del uniforme como si vistiera cota de malla. Tenía que tocarme guardia en el Banco Nacional la mañana que más calor hace en esta puta ciudad. Tiflis, encajada entre montañas, es un horno cuando llega junio. En el mármol de la fachada reverbera la luz: detrás mío crepita una fundición. El cielo parece que va a romperse de lo azul que está, incandescente, ni una nube: la mañana perfecta para pasársela bebiendo a la puerta de una de las infinitas tabernas de la ciudad como hacen los que abarrotan el Tilipuchiri justo en frente. Cabrones. Hay bastante gente hoy. En la tasca y en toda la plaza. Es como si Tiflis entera hubiera salido a tragarse a sorbos el espléndido aire del verano. Sigue leyendo

Estándar