Un español en la guerra de Francia

00106517483894____2__600x600

 

Cuando Francia le declaró la guerra a Alemania y ordenó, el domingo 15 de agosto de 1914, la movilización general de “tout Français soumis aux obligations militaires doit, sous peine d´etre puni avec toute la rigueur des lois” (tal y como rezaba la célebre Orden de Movilización General que hoy venden en el Arco del Triunfo y en la Torre Eiffel como souvenir, en forma de cuartilla) Agustí Calvet estaba allí. Estudiando filosofía en la Sorbona y viviendo en una pensión, la de Madame Durieux, ubicada en una plaza cuyo nombre retumbaba germánicamente: de Fürstenberg, en el corazón de Saint-Germain-des-Prés. Tenía 27 años, y la Gran Guerra, aquella “convulsión incalculable” que él compararía luego con el Diluvio Universal, lo cambió también a él; de licenciado en Filosofía y Letras con aspiraciones de erudito y académico, a periodista bajo el pseudónimo de Gaziel.  Continúa leyendo Un español en la guerra de Francia

París en una calle

Antes de pisar París había leído, naturalmente, algunas cosas sobre ella. Crónicas de Gaziel, la primera parte de Los tres mosqueteros -libro que no he consumado, de cuya lectura el fantasma recorre encadenado mi alcoba en las noches de insomnio-, Fiesta de Hemingway, algún folletín en mi adolescencia de lecturas sin tino, y cómo no, El Conde de Montecristo. Libro que condonó mi deuda, finalmente, con el espectro pantagruélico de Dumas. A París, digo, llegué yo a través del metro. Sale uno de España renegando de lo que tiene, por la españolía esa que, ya saben, obliga (como antes obligaba a batirse la nobleza), y al primer encuentro con Francia topéme con una estación en obras; un servicio metropolitano poco intuitivo, enrevesado, y con un fulano cagando junto a las escaleras mecánicas. No obstante, al emerger en la superficie lo percibí todo con manifiesta claridad: la grandeur. Continúa leyendo París en una calle