Historia

Lo que queda de un imperio

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Restos semihundidos del Vizcaya en la bahía de Santiago. Fotografía de 1899.

 

Pascual Cervera y Topete nació en Medina Sidonia, un pueblo de la provincia de Cádiz, el 18 de febrero de 1839. Reinaba en España Isabel II. Era hijo de un oficial del Ejército que había luchado contra Napoleón en la Guerra de la Independencia, según los Apuntes biográficos que algunos de sus descendientes han recopilado en una web. Entra en el Colegio Naval de San Fernando con sólo 13 años, del que sale como guardiamarina de primera clase en 1858. Sigue leyendo

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Historia

Vida de magnicidas: Angiolillo

Michele Angiolillo Lombardi nació en la región de Apulia, en el tacón de la bota italiana, el 5 de junio de 1871. Cuando asesinó a Antonio Cánovas del Castillo el 8 de agosto de 1897, tenía 26 años recién cumplidos. Sigue leyendo

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Historia

Fútbol y guerra: la epopeya de los vascos (V)

Al llegar a México, como hemos visto, el propio delegado del gobierno de Aguirre en ese país -Francisco Belausteguigoitia- impugnó el último acuerdo hecho con Tomás Arana. A pesar de contar con el aval de las autoridades mexicanas, el asunto aún coleaba: al parecer, Arana tenía ciertas sinergias comerciales con elementos facciosos españoles en la república mexicana, y esto causaba malestar en los círculos cercanos al lehendakari. Algunos nacionalistas vascos dudaban de que la recaudación de los partidos de Euzkadi fuesen a parar verdaderamente a la causa republicana española. Además de esta cuestión empresarial, existían algunas diferencias de orden institucional o político que comenzaron a dinamitar el entendimiento entre la expedición y el Gobierno a quienes pertenecían por naturaleza: Sigue leyendo

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Notas

Democracia a pelo

Salvar el mundo debe ser un trabajo terrible. Todo el día de acá para allá, denunciando injusticias, desfaziendo entuertos y repartiendo caramelos de colores entre niños desnutridos. Hercúleo. Por eso yo, que soy más limitado en mis ambiciones, sólo me preocupo de intentar hacer bien las cosas, en la medida de mis posibilidades. Sin dañar a nadie y procurando dejar sonrisas en lugar de ceños fruncidos. Es mi política. También creo, muy firmemente, que aquellos cuyas palabras siempre parecen teledirigidas por Unicef y que se pasean por la vida abriendo mucho los brazos para que todos veamos cuán generosos, solidarios y comprometidos son, guardan en su corazón una prepotencia tan grande como las campanas de bronce de la Giralda. Arrogancia envuelta en demagogia socialdemócrata al servicio del bienquedismo social y del rebaño. Criticar lo propio es un ejercicio sanísimo de higiene mental y culturar, pero tampoco hay que pasarse. Quien diga que Cuba es un ejemplo de democracia y además sostenga sentirse oprimido en España por *el sistema* -ese ente diabólico que nos sobrevuela como una monstruosa nave nodriza y que nos enjaula entre barrotes invisibles, del que proviene todo lo malo- o es tonto, indocumentado o soberanamente gilipollas. España es un país profundamente herido pero al menos aquí yo puedo escribir esto y muchas más sandeces similares sin temor a que en media hora la policía de asalto descuelgue la puerta de mi casa y me requise el ordenador. Antes de darme una buena tunda con toallas mojadas. La democracia jamás es arcádiamente (me invento adjetivos a lo Panenka) idea ni perfecta en ningún lugar del mundo, pero, por supuesto, también en esto hay clases. Democracias y democracias. Libertad, y libertades. Qué cubano no cambiaría, a pelo, a los Castro por los Pujol, aceptando con gusto en el lote a Bárcenas, Camps y a toda la Junta de Andalucía. Que levante la mano. Que lo diga. Así, a pelo.

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