Cuaderno de viaje

Rumanía

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Conocer un país en cuatro días y cinco noches es imposible. Lo es incluso viviendo toda la vida en uno, cuánto más cuando se aterriza en una nación extraña, en un sentido amplio de la palabra. Sólo es posible formarse nociones muy básicas, intuitivas en extremo, tan fugaces como la estancia misma. La imagen de Rumanía que tiene un español del común es la de un lugar hostil lleno de bribones, gitanas con faldas que se arrastran por el suelo, zapatos negros sucios y viejos, pañolones en torno a la cabeza y el cuello, dientes de oro y afición por pedir; pobreza, despojos del comunismo y los futboleros con memoria, Hagi, Popescu y La Cobra Illie. Sigue leyendo

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Reseñas

El asceta de la revolución

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Hace 100 años el partido bolchevique (la facción mayoritaria, bolshevik, del viejo Partido Obrero Socialdemócrata Ruso) tomó el poder en San Petersburgo, entonces Petrogrado, por la fuerza. Es decir, que dio un golpe de Estado, aunque la historiografía moderna se empeñe en llamarlo revolución de octubre. Sigue leyendo

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Notas

Dostoyevski, arúspice

Leyendo Los demonios, de Dostoyevski, me asombra la capacidad predictiva del maestro. La novela se publicó en 1872, pero a veces me ha parecido estar leyendo sobre el año 1917. Extracto tres pasajes.  Sigue leyendo

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Notas

Lo que ha quedado de todo aquello

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Se ha vuelto a hablar en estos días del Guernica de Picasso, por que van a cumplirse 80 años del bombardeo alemán sobre Guernica que dio pie a su realización, y de su realización misma. Se suele olvidar o dejar en un segundo plano el contexto en el que se dio a conocer la obra al mundo, que fue la Exposición Internacional de París del año 1937. Quiero hablar sobre aquella Expo. Estaba dedicada a la técnica y su incidencia en la vida moderna, por supuesto. Hay, en particular, una foto, que me subyuga desde que la vi por primera vez. Es la que encabeza este texto. Está tomada desde el Palacio de Chaillot, el feo mamotreto por el que se derruyó para la ocasión el viejo y precioso palacio neobizantino del Trocadero. Sigue leyendo

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Historia

La increíble vida de Manolis Glezos (I)

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Los tiempos turbulentos suelen ser prolíficos en héroes y mártires, en contraposición con la aburrida serenidad de los tiempos de paz. Es, stricto sensu, la diferencia fundamental entre la paz y la guerra, entre el orden y el caos: entre la democracia y la revolución. La famosa frase atribuida a Churchill de que democracia significa que si a las seis de la mañana llaman a tu puerta, sepas que es el lechero, cobra sentido absoluto trazando la comparación con épocas tan recientes todavía como los años 30 del siglo XX europeo, el campo más fértil de la Historia de la Humanidad, por acumulación númerica masiva, para monstruos, sátrapas, mártires y héores. Uno de estos hombres trágicos arquetípicos fue Manolis Glezos, quien aún vive: Bertolt Brecht los denomina “hombres imprescindibles”, y lo cierto es que su historia puede merecer, si no un capítulo de las Vidas de Plutarco, al menos algunas páginas de las Noches áticas de Aulo Gelio. Manolis Glezos trepó la Acrópolis y descolgó la bandera de la Alemania nazi de lo alto de la gran colina ateniense; luego tuvo la vida de Churchill justamente en sus manos, un par de años después. Su trayectoria vital es la de su pequeño y simbólico país durante el siglo XX.

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Hemeroteca

16 de febrero de 1936 (la subversión transversal)

Hoy voy a ser rápido. Hace 79 años, se celebraron en España las últimas elecciones de la República: los sufragios que determinarían el futuro inmediato del país y, a la postre, el futuro a larguísimo plazo, como bien se sabe. No voy a extenderme demasiado, pues el estado esclerótico de la democracia en esas alturas de la Historia es por todos conocido. En La Vanguardia de aquel 16 de febrero de 1936, podía leerse esto, en la Información Nacional: Sigue leyendo

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Hemeroteca

11 de febrero de 1936 (Babilonia socialista)

Ante el hecho producido hoy en el seno del Partido Socialista Obrero Español, en su Federación Madrileña, voy a rescatar, simplemente, una nota de La Vanguardia del 11 de febrero de 1936; en ella, Julián Besteiro decía algunas cosas interesantes que pueden ser confrontadas con lo que asegura Tomás Gómez hoy mismo: Sigue leyendo

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