El engañabobos

Una vez leí en algún sitio que la democratización de la educación había creado en las clases populares la ilusión, ficticia por supuesto, de un futuro mejor para los hijos del tercer Estado. La apariencia de prosperidad escondida tras la licenciatura universitaria es una falacia, como no podía ser de otra manera. Una mentira en la que esforzados hombres y mujeres han proyectado no sus esperanzas, sino las de su progenie, con la quimérica idea de agarrar con los dientes la posibilidad de escapar del miserable porvenir al que ellos vieron atadas sus vidas desde la cuna y establecerse como lo que no eran. La universidad era el horizonte. Continúa leyendo El engañabobos

Galeones de oro y plata

Sentado donde probablemente hace 500 años todo era piedra y dunas, contemplo el horizonte. El cielo es de un azul atemporal, y frente a mí, el Atlántico lame la lengua de tierra de Doñana que, cada vez más imperceptible a medida que sube la marea, se va haciendo infinita en lontananza. Pienso que en el mismo lugar desde el cual yo oteo el horizonte en busca de cáscaras de nuez capaces de surcar los mares, algún día, alguien como yo también pasaba las soleadas tardes de marzo mirando cómo galeones rebosantes de oro y plata americana llegaban hasta la desembocadura del Guadalquivir, fondeando en el remanso Continúa leyendo Galeones de oro y plata

Detritus

Con el transcurrir de los años vas aprendiendo cosas. Algunas buenas, otras malas, y la mayoría, necesarias. Útiles para el peregrinar constante hacia la nada que es esta vida perra. Es importante aprender, de todo y de todos, por que si no, cada experiencia vital corre el riesgo de quedar vacía. Es decir, si no sacas nada en claro de tus tropiezos, es que te has estrellado en vano. Y eso es muy peligroso, amén de estúpido. Continúa leyendo Detritus

Olivetti Lettera 32

Ta, ta, ta, ta, ta. Todo un aula enorme, de techos tan altos como el pensamiento del soñador, ocupada por ese martilleo que no era  ruido, sino armonía. Ta, ta, ta, ta. Y el característico riiiiiiiing, del carrete volviendo al inicio del margen, a la izquierda. Y vuelta a empezar. Métodos de aprendizaje donde, además de aprender a mecanografiar, leí por vez primera el nombre de Sócrates. Primero mirando. Luego sin mirar. Y ta, ta, ta, ta. Continúa leyendo Olivetti Lettera 32

Saetas que rasgan el aire

-¡A toda vela!

Tenían el tiempo justo para llegar hasta la orilla, antes de que alguna bola de acero procedente de las bombardas sarracenas les reventara los huevos. El grueso de la flota cristiana ya había roto las cadenas y aniquilado el puente de barcas, colándose hasta el fondo. El Niebla, y con él la milicia concejil madrileña al completo (600 recios, achaparrados y duros cazadores de osos, suicidas en el asalto y temidos en el combate, la tropa más terrible del rey cristiano) navegaba dando tumbos hasta la orilla sevillana. A 200 metros de la Torre del Oro, el fuego era temible. Continúa leyendo Saetas que rasgan el aire

El oso púrpura

Aquella mañana del 3 de mayo de 1286 hacía un frío de cojones. Una brisa procedente del Atlántico subía por el Guadalquivir y helaba la sangre de los miles de infantes de marina cristianos que subían lentamente el río embarcados en la flota real de Castilla y León, rumbo a la Sevilla asediada. En la vanguardia se situaba la nave capitana, al mando del almirante Bonifaz, y a su lado, las naos más poderosas, cuyos cascos estaban acorazados para romper el puente de barcas unidas por cadenas que los defensores de la ciudad habían colocado entre la Torre del Oro y su gemela en Triana para impedir el ataque cristiano por el río. Continúa leyendo El oso púrpura

Agitprop: furibunda reacción contra el vacío

Hay muchos, muchos más de lo que parece. No están organizados, por que ni siquiera son conscientes de lo que son. No son nada. Tampoco son nadie. Son el producto de un tiempo que los devora, olvida y necesita al mismo tiempo, pero eso ellos no lo saben. Sólo lo intuyen. Son los hijos de una postmodernidad que en su agonía ha acabado con todo. Ellos son los desheredados, los parias de un Occidente descreído, opulento y podrido. Pero eso ellos, la mayoría, tampoco lo saben. No tienen conciencia de clase, pues ya no hay clases, sino castas. El dinero no es el problema. Ellos lo tienen todo. Lo tenemos todo. Continúa leyendo Agitprop: furibunda reacción contra el vacío