Relatos

El ciclista de Tiflis

Sudo como un cerdo bajo el quepis, me cuezo dentro del uniforme como si vistiera cota de malla. Tenía que tocarme guardia en el Banco Nacional la mañana que más calor hace en esta puta ciudad. Tiflis, encajada entre montañas, es un horno cuando llega junio. En el mármol de la fachada reverbera la luz: detrás mío crepita una fundición. El cielo parece que va a romperse de lo azul que está, incandescente, ni una nube: la mañana perfecta para pasársela bebiendo a la puerta de una de las infinitas tabernas de la ciudad como hacen los que abarrotan el Tilipuchiri justo en frente. Cabrones. Hay bastante gente hoy. En la tasca y en toda la plaza. Es como si Tiflis entera hubiera salido a tragarse a sorbos el espléndido aire del verano. Sigue leyendo

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El individuo número 13

Era una mañana estupenda, ¿sabes? Hacía calor, un sol espléndido, un cielo azul limpio y claro, radiante. Yo salí a comprar el pan y a hacer un par de mandados. Jamás lo olvidaré: tres barras en la panadería de la esquina, seis botellas de agua en el colmado de en frente y al final de la calle, en la pescadería, un kilo de gambas y otro de acedías para el almuerzo. Sigue leyendo

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Detrás de la blanca pared

El futuro escritor tan sólo es un niño. Dentro de su cabeza, quién sabe si en algún punto indeterminado del universo sumergido entre los capilares de su cabello y el hueso del occipital, duermen Quasimodo, Jean Valjean, Cosette, Javert y Gilliat, amasados todavía en el líquido amniótico. Tiene 10 años. Sigue leyendo

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¡Viva Morosini! ¡Viva Venecia!

18 de abril de 1688:

Amantísima Rufina, Sigue leyendo

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La carretera

Llevaba más de dos horas conduciendo y empezó a cansarse. Salió con la última luz del día, que también era la del año, y en su camino había visto ennegrecerse el cielo con el mayor espectáculo del mundo. Sigue leyendo

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Costeando Malvasía, mi amor

11 de abril de 1688:

Amadísima y añorada Rufina,

Dejamos atrás ya la bonita pero poco hospitalaria Malvasía, que al igual que a la ida sólo nos ha ofrecido en la vuelta su fachada esmeralda y sus tejas alazanas, sus muros de piedra vieja y su muy hostil baluarte, único de toda Grecia que no hemos podido rendir en esta campaña.  Sigue leyendo

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Desde Atenas, con amor

8 de abril de 1688:

Mi muy querida, bella y añorada Rufina,

Abandonamos Atenas hoy mismo. Te escribo estas líneas apoyado en un tonel junto a la mesana de nuestra querida, briosa y fiable Fulgurante, mientras la brisa me abanica el rostro. Sigue leyendo

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