Elegir

Desde que nacemos, hasta que morimos, nos son impuestas una serie de convenciones sociales que delimitan nuestras fronteras vitales y determinan la identidad esencial con la que nos presentamos, y con la que salimos, a este mundo. Zarpamos desde el vientre materno y en el andén de la primera parada un boli, un sello y un nombre que otros eligieron por nosotros nos esperan en el registro civil. Apenas nuestros ojos vislumbran la hipnótica luz de un mundo tan grande como indescifrable cuando han de volver a cerrarse bajo el agua que les cae sobre una pila bautismal, en alguna parroquia antigua de pueblo petrificado, Continúa leyendo Elegir

Galeones de oro y plata

Sentado donde probablemente hace 500 años todo era piedra y dunas, contemplo el horizonte. El cielo es de un azul atemporal, y frente a mí, el Atlántico lame la lengua de tierra de Doñana que, cada vez más imperceptible a medida que sube la marea, se va haciendo infinita en lontananza. Pienso que en el mismo lugar desde el cual yo oteo el horizonte en busca de cáscaras de nuez capaces de surcar los mares, algún día, alguien como yo también pasaba las soleadas tardes de marzo mirando cómo galeones rebosantes de oro y plata americana llegaban hasta la desembocadura del Guadalquivir, fondeando en el remanso Continúa leyendo Galeones de oro y plata

Olivetti Lettera 32

Ta, ta, ta, ta, ta. Todo un aula enorme, de techos tan altos como el pensamiento del soñador, ocupada por ese martilleo que no era  ruido, sino armonía. Ta, ta, ta, ta. Y el característico riiiiiiiing, del carrete volviendo al inicio del margen, a la izquierda. Y vuelta a empezar. Métodos de aprendizaje donde, además de aprender a mecanografiar, leí por vez primera el nombre de Sócrates. Primero mirando. Luego sin mirar. Y ta, ta, ta, ta. Continúa leyendo Olivetti Lettera 32