Cuentos de la cuarentena (6)

#6 LUX MUNDI

Os observo, en la paz y en la guerra, con los ojos impasibles de un dios antiguo. Estoy sentado en el pretil del mundo. No os juzgo. Nadie lo hará. De todos los infinitos mundos posibles del Universo, os tocó aquel en el que existe la conciencia. No os envidio. No sufro. No creo. No anhelo. No espero. Me despojé de todas las pasiones que alimentan la eterna insatisfacción del hombre. Soy mejor que vosotros: soy libre. El dolor no me alcanza. No he de perdonarme ninguna debilidad, ninguna vacilación, ningún tormento. Todo lo humano me es ajeno, excepto vosotros. Sois egoístas, hueros, fatuos. Os contemplo en vuestro vasto hormiguero pero a diferencia de las hormigas, vuestro deambular es incierto. Escruto vuestra angustia, siempre obligados a escoger entre el deseo y el deber. Mentís, traicionáis, prometéis y olvidáis. Vuestra vida se despliega ante mí como un plano donde sigo a tiempo real vuestra batalla contra el mundo. Vuestra lucha por la vida. Si os vierais como yo os veo aprenderíais una valiosa lección: vuestras trayectorias son átomos sin voluntad que se cruzan al azar; chocáis aleatoriamente, amáis, odiáis, presumís, padecéis, pero todo es sin objeto. Sois un árbol sin fruto. Algunos continuáis vuestro camino firme hacia ninguna parte y otros perecéis, incapaces de asumir la pérdida. Cuando miráis a los ojos al Último Día advertís que la debilidad de quienes despreciasteis era, en realidad, el único consuelo posible. Hozáis en la suciedad de la vida. Sois pródigos absolviendo vuestros pecados. Os engañáis con facilidad. La desmemoria os ahorra la vergüenza de estar en el mundo. Sacrificáis a vuestros padres en el altar mezquino de la comodidad. Yo estoy a salvo, mi existencia se reduce a auscultar el horizonte legañoso de un limbo. No os recordarán. Una vez muertos el sol, el viento, la humedad y la lluvia borrarán vuestros nombres de las lápidas con que pretenderán consignaros en vano: el Tiempo no perdonará vuestra vileza. No creáis a quienes os dicen lo contrario, nunca será demasiado tarde porque no tenéis elección. Yo sostengo entre mis manos el libro de vuestras vidas, y os advierto. No está en blanco.

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