Crónica del sur de España #16

 

#16 Un perro que aúlla.

Hay un perro junto a mi casa. Un vecino tiene una parcela, un sencillo almacén cerrado con un portón de aluminio y  una tapia sin enfoscar y una chapa de uralita por techo.Hace más de un año que tiene un perro ahí dentro. Al animal no le falta ni comida ni agua, por eso no hay que preocuparse. Prácticamente todos los días, mi vecino viene un momento, entra y luego sale. Y se va, y eso es todo. El perro no deja de aullar. Aúlla de día, aúlla de noche, aúlla muy de mañana, rompiendo el alba. Pero últimamente, cuando más consciente soy de su presencia es por las tardes. A media tarde, en torno a las seis. Las tardes de primavera, cuando se marcha la flama del mediodía y del après-midi, lo impregnan todo de una sustancia viva: debe ser el amor, quizá la melancolía, indudablemente es algo que mueve a los seres vivos y los inclina bajo su yugo. Los exalta. Ese perro debe sentirlo. Aúlla como un lobo. A veces me parece que su lamento ronco es un llanto. No lo he visto nunca. No sé de qué raza es, ni qué tamaño tiene, ni de qué color es su pelo. Pero no puedo dejar de oírlo aullar. Yo me siento junto a mi ventana, en la butaca que compré en IKEA para no leer tumbado en la cama, para tener un asiento propio, una especie de trono, un espacio autónomo al fin y al cabo. Siempre me hace levantar la vista de las páginas y mirar a través de los barrotes de la reja. Siento una clase de conexión con ese perro. Pero yo no aúllo. Quizá ya he perdido esa cosa animal de no resignarse físicamente, de hacer, a falta de otra cosa, ruido. Él ya no es un lobo. Yo ya no soy un cazador-recolector. Sin embargo, no estamos empatados. Él aún aúlla.

La foto la hice esta mañana en la calle Isaac Peral de Chipiona. Corría una brisa muy agradable, señal de que del lado mediterráneo del Estrecho debía estar soplando el terral. La tierra estaba fría y el sol en cambio iluminaba apaciblemente. Se estaba muy bien en la calle. En estos días siempre se está muy bien en la calle, a todas horas. A pesar de todo me invadió una brevísima sensación de que el mundo estaba repugnantemente hermoso esta mañana.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s