Notas

La derrota interminable

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En esta página suelo encontrar explicaciones etimológicas y semánticas muy interesantes. Buscando derrota (del DRAE, De rota1 ‘fuga de un ejército’, con infl. del fr. déroute.) hallo dos comentarios que procedo a copiar y pegar: 

El usuario Phillippe Vicente explora el origen de la matriz latina: “en el siglo XIII un routier era un soldado que formaba parte de una banda, ya que banda se decía route y dérouter quería decir dispersar, disolver“. Quedémonos con este matiz centrífugo. Disolver.

La usuaria Helena anota: “El rota al que se refiere el DRAE no es latín, sino romance. Rota en latín sólo significa rueda. Este rota viene del latín rupta (rota, quebrada), participio femenino del verbo rumpere, y procede de expresiones militares como rupta acies (línea de combate rota, formación rota) que hace referencia a la ruptura de la formación de lucha de un ejército que conlleva necesariamente el desbaratamiento de sus posibilidades de lucha y precede a una huida generalizada”. Otro matiz importante: romper la línea y huida generalizada.

Una de las imágenes clásicas de los primeros meses de la Guerra Civil española fue la desbandada general que se producía en las precarias líneas de milicianos que combatían por la República en cuanto las primeras unidades del Ejército de África entraban en contacto con ellas. ¡Nos copan, estamos copados! era un grito común que jalonó el avance de los sublevados desde Andalucía hasta las puertas de Madrid desde julio hasta noviembre de 1936. Se rompía, en efecto, la línea de combate, la formación del frágil ejército miliciano. Se disolvía. Me he acordado de esto al ver los actos de homenaje a las víctimas de los atentados yihadistas ocurridos hace un año en Cataluña. Inevitablemente también me he acordado de Madrid, del 11 de marzo de 2004. Y del 12. Y del 13. De todo lo que sucedió en el intervalo que separó la matanza de Atocha y las elecciones generales del 14 de marzo que depararon la victoria del socialista Zapatero y el consecuente viraje político en España.

Un viraje que no fue una simple sucesión en el trono de la administración y el poder. Como parece lógico concluir, el cambio podía de hecho producirse más adelante, quizá era inminente, quizá no se hubiera producido nunca pero el sustrato existía y estaba bien abonado: el hecho es que los atentados de Madrid lo aceleraron irremediablemente.

Ya el año pasado, con los muertos calientes como aquel que dice, se produjeron hechos de inenarrable bochorno cuando las altas dignidades del Estado fueron a rendirle tributo a las víctimas en plenas Ramblas barcelonesas. Se humilló públicamente al Jefe del Estado con la connivencia burlona, chulesca incluso, tanto de las autoridades regionales como de la alcaldesa de la ciudad. También podría hablarse de flagrante omisión por parte del Gobierno de la nación: este año, al menos, en La Moncloa han tenido el tacto de blindar policialmente la zona para que no se repitiera el ominoso espanto de una turbamulta perfectamente organizada por asociaciones subvencionadas por la Generalidad catalana y la burguesía local gritando ensordecedoras consignas contra el rey, España y los españoles mientras se intentaba de alguna manera honrar a los muertos en nombre de Alá.

Eso, los muertos en nombre de Alá, era y es el motivo que ha congregado a todo el mundo hoy en Barcelona, como aquella absurda tarde del año pasado. Debimos sospechar con malevolencia que todo aquel montaje de bajunería y amoralidad era solamente el prólogo de lo que vendría después: el primer golpe de Estado postmoderno como ha dado en llamarse según los entendidos en politología que escriben sesudos análisis y que todo el mundo aplaude.

Como ocurrió en Madrid en 2004, en realidad en toda España, a partir de unos hechos perfectamente descriptibles, comprobables y analizables desde el punto de vista criminalístico, policial y político, los atentados yihadistas de Barcelona expusieron la terrorífica fractura que existe en la sociedad española. Una falla de dimensiones abrumadoras. ¿Cuáles son las causas, los orígenes de esa falla? Eso es algo que escapa del todo a mi comprensión, de momento, aunque bien pudiera sugerir algunas cuantas teorías. El hecho es que la falla existe: una falla moral cuya síntesis se puede contemplar estupendamente en las pancartas que, con el permiso de la autoridad competente, han saludado a Felipe VI en lo alto de un edificio barcelonés: el rey trafica con armas y nosotros ponemos los muertos, que recuerda tanto a aquel asesinos, asesinos, que masas congregadas de manera poco inocente les gritaban no a los que habían puesto efectivamente las mochilas en los trenes de cercanía de Madrid, ni siquiera a los inductores ideológicos de esos individuos, sino a los miembros y afiliados del partido en aquel momento en el poder. Derrota, como bien apuntaban arriba esos dos usuarios de tan formidable y pedagógica página web, tiene dos matices nucleares: disolver y desbaratar moviendo a la huida colectiva. En eso estamos.

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