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25-10-16

La cuestión en Cataluña está, por fin, ubicándose: la última parada del trayecto es, naturalmente, esta. La importancia de cualquier tipo de argumentación, favorable o contraria, a la independencia, es relativa. Al final, en último término, tendrán que levantarse en armas contra el Ejército, que es el centinela de la civitas. Ya lo hicieron una vez, en 1934. Entonces los detuvo un general leal, Domingo Batet, que como muchos hombres leales, fue fusilado luego, en la guerra, por no levantarse contra la República. No obstante, hay otra alternativa -siempre la hay-, y es que al centinela se le ordene, desde la ciudadela, que se quede quieto. ¿No? Como aquello que contaba Reverte en XL Semanal, del francotirador español que tenía a tiro desde un helicóptero a una lancha de piratas somalíes que huían con el botín y se quedó esperando una respuesta afirmativa a su petición de abrir fuego. Que todavía la está esperando.

Esa también es una posibilidad, pero es mejor no pensar en ella. Por vergüenza torera, que suele ser lo último que termina quedando.

Sigo escribiendo.

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