Crónica

La lucha por la vida

Existía la convicción, repetida como un eco a lo largo del gran mentidero de la nación madridista, de que anoche se tiraba la Liga en Vigo. Quizá el recuerdo amargo del año anterior, conjugado con la determinación algo flácida de luchar por la Liga que hay en algunos sectores de la hinchada, proyectaron el espejismo de una derrota profetizada. Ya sólo quedan cuatro jornadas, se dijo; qué es lo que van a hacer ahí en Balaídos, tan arriba, en ese campo tan abierto, tan desarropado, por donde los vientos parecen correr a placer, torturando las almas. La salida del Celta, al uso de los antiguos, en tromba, invitaba a repatingarse en el tresillo de la propia convicción y decir: ves, yo ya lo había dicho. Nolito encaró a Carvajal por el flanco derecho de la defensa madridista. Lo hizo al trote, como hacen los toreros, citando al lateral madridista a la embestida: ese andar pausado que juega con la tensión de la inminencia, con los nervios del defensa. Llegó también Varane y a Nolito lo doblaron por su izquierda. Entonces el delantero sanluqueño rompió por su costado derecho y advirtió el océano desparramado a contrapié de Casillas: sin fuerza, el toque justo, la pelota cruzó disparada por donde nace el poste izquierdo del portero del Real Madrid, quien ofreció otra muestra de su mezquindad habitual culpando a sus compañeros -quién sabe si también a la vida, por obligarle a esa tediosa tarea de jugar en el Madrid y ser multimillonario, menudo coñazo, una cruz- con ese gesto lamentable del brazo al aire. Gesto con el que él se exonera cristianamente y la culpa recae delegada en el Universo. Se dio la circunstancia, luego del 1-0, de que el Madrid, enrabietado por la bofetada, soslayó el centro del campo, al no poderlo asir a conveniencia. Con Illarramendi engullido como Jonás por la ballena del partido, James prescindió de la sintaxis y golpeó con el verbo. Se volcó la inercia de la jugada hacia su lado. Tejió con Carvajal y el Chícharo el vínculo adecuado para la percusión de Ronaldo, de nuevo coral y efectivo, más líder cuanto menos recordman; Ronaldo se adentró con el machete, desbrozando la línea de fondo hasta la salida de Sergio. El balón salió rebotado hacia afuera y Kroos, en el punto de penalty, lo colocó en la escuadra acomodando el cuerpo en el escorzo que define a los centrocampistas del presente: la nueva alemanidad, o donde Effenberg hubiera roto las redes, Toni las acaricia.

Cambió el partido ahí. Ancelotti había devuelto a su condotiero Ramos al centro de la zaga, por fin acoplados de una vez Varane y el capitán camero, el mejor tándem defensivo del equipo cuando ambos sintonizan la misma frecuencia de onda. Regresó también Marcelo pero sin el compás, algo aturdido, frenético con el balón en los pies y olvidada la disciplina cuando sin él, Santi Mina aprovechaba los lapsus mentales del brasileño para navegar ese Canal de la Mancha que se abre tras su espalda. Illarra acompañó en el medio: volvió a naufragar, jugando con miedo. Asier Illarramendi es un tipo noblote y sano, se le nota en la mirada, en los gestos. Sin duda puede ser un hombre excepcional, campechano y franco, de esa franqueza vasca tan notable que uno advierte no más pisar la tierra vascongada. Pero también es un tío al que se le ve deseando llegar a casa, tumbarse en el sofá y ver La que se avecina comiéndose una bolsa de pistachos. Esa incomodidad que muestra cuando sobre sus hombros descansa la responsabilidad, es nefasta cuando vistes la camiseta del Real. Tiene el talento, pero ya no juega hacia delante, turbado por la siniestra posibilidad de perderla y que todos lo miren a él. No obstante, el partido fue ingobernable también gracias al Celta, un equipo rapidísimo y vertical, cosido a mano por Berizzo con futbolistas extraordinarios. Fijando la punta con el hombrón Larrivey, un 9 carismático y canchero con talento para el gol a los dos toques, entre Orellana, Mina y Nolito mueven el frente a placer. Sujetan al equipo mediocentros versátiles y una línea de cuatro agresiva que marca al hombre. Impidieron que el Madrid aposentara la pelota, que la domara, que la bola circulara, empeñados en hacer tan vietnamita la contienda que los dragones negros cejaran en su intento y se dejaran ir mecidos con violencia. Fue ahí donde se impuso la voluntad de ganar.

Chicharito continuó con su masterclass en la casilla del 9. Jugó con el Manual del Delantero Centro abierto de par en par. Su 1-2 fue excepcional: roba, pasa, se asocia tres veces, se desmarca hacia el espacio y define intuyendo la debilidad del guardameta, que ya caía hacia el palo largo dejando el corto vacío y goloso. Empató veloz el Celta, pues al no haber centro del campo los laterales del Madrid quedaban tan expuestos a la tormenta que la lluvia celtiña terminó despojándolos a los dos, a Carvajal y Marcelo, de la careta defensiva. Orellana atisbó el delta del Orinoco detrás de Marcelo y Santi Mina se precipitó en tres pasos ante Casillas. Lánguido y lúgubre, Casillas no se obligó: ni siquiera agitó los brazos. Al filo del descanso, James culminó la mejor acción de Isco en el partido: una recuperación por el lado izquierdo continuada de primeras, con el tacón, hacia Ronaldo. Avanzó Cristiano y en la frontal, donde siempre chuta al bulto cósmico esté delante quien esté, alargó el suspiro de la jugada hacia el lado derecho. James desorientó a la defensa del Celta con un toque contra el sentido de la jugada y amarró el 2-3 con su zurda tropical. La segunda parte fue casi la misma, con la diferencia notoria de que Ancelotti transformó al Madrid en un galápago. Los 4 de atrás, Kroos e Illarramendi, se fusionaron en 6 replegados tras el balón, quedando Isco, James, Chicharito y Ronaldo como nebulosa amenaza. No se arredró el Celta pero basculó siempre bien el Madrid, corrigiendo con nervio los desfases en el achique de sus laterales. Ramos robó una pelota en el medio: nadie del Celta le salió al paso y el condotiero avanzó con la zancada de los jefes, altanero. Interpretó el desmarque del Chícharo como si fuese Modric, y con el exterior (el pase que es categoría moral mesetiana) le dijo toma y triunfa. El mexicano controló con el sutil toque de los matadores y con otro toque fulminó el partido. ¿Queda Liga? Hay que forzar el margen de imprevisibilidad que tiene el fútbol.

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