Notas

Salvoconducto

El paraíso del capitalismo salvaje sustentado sobre el oro negro de las arenas que son los Emiratos Árabes Unidos ha copado definitivamente la agenda setting europeo. Estas neo-Babeles de mahometanismo laxo y turbante de Gucci cabalgan como una locomotora sin frenos por las vías que Occidente trazó hace más de 150 años, con la diferencia de que los jeques no usan carbón, sino petróleo. La reinversión inteligente de los beneficios del maná fósil les ha colocado en la cima de un mundo que se cae a trozos: mientras la civilización hipoteca su futuro emitiendo deuda que compran los chinos -que yo, lego en macro y microeconomía, me figuro una especie de respiración artificial, como si a un moribundo lo enchufan a un fuelle para alargar un poco más la agonía- los nietos de aquellos harapientos pescadores árabes del Mar Rojo se construyen un cohete de oro y diamantes con el que pretenden deslumbrar al mundo en una suerte de última función circense justo antes del reventón final del planeta. Tras comprarse un Mundial de fútbol, dos o tres equipos punteros en Europa y sufragar la mentira humanitaria de la Disneylandia barcelonista, el amo y señor de Qatar, dador de la vida y hacedor del edén árabe, le ha ofrecido un puente de plata a Iñaki Urdangarín en forma de segundo entrenador de la selección qatarí de balonmano. El yerno de Juan Carlos I, cuya camiseta -no conviene olvidarlo- fue retirada en el Palau Blaugrana, y ahí continúa, en loor de multitudes, recibe así una salida pecuniaria a la complicada situación en la que, es de suponer, lo pondrá la Justicia española cuando finalice el proceso en el que está complicado por delitos diversos contra la hacienda pública. Nosotros, que ya no somos jóvenes y tampoco demasiado ingenuos, sospechamos que detrás de este inesperado movimiento del Nabucodonosor sarraceno está la mano de Su Campechana Majestad, quien previendo una furibunda impopularidad hacia la monarquía tras futura sentencia está ya moviendo los hilos para asegurarle a su hija un discreto retiro en los Emiratos. Lejos, muy lejos, de España, donde en el próximo lustro se va a dilucidar el futuro de una institución anacrónica cuya supervivencia tan sólo depende de una austera y diligente gestión de las variables controlables, y de la suerte. Pero eso lo pensamos nosotros, que somos muy desconfiados y tenemos mucho tiempo libre para elucubrar.

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