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La elegancia como prueba del delito

Ayer me enteré de la existencia de un curioso concepto. Resulta que se estila mucho, de un tiempo a esta parte, en las oficinas de Madrid -e imagino que, por extensión, de toda España- el relajo en el vestir los viernes. Es decir, si de lunes a jueves la indumentaria habitual de la gente en el trabajo es el traje de manual, en el último día de la semana laborable tienen licencia para acudir en vaqueros. Ignoro el origen de esta moda mas puedo suponer que se trata de otra de esas chorradas modernas con las que algún psicopeda-cuentacuentos de la psicología social aplicada al mundo profesional justifica su propio trabajo. Esto me ha hecho pensar, otra vez, en la decadencia estética en la que vive sumido Occidente desde los años 50. Qué drama. Hay lugares en donde la chaqueta y la corbata quedan confinados a tres días señalados del año, y elementos tan imprescindibles como los gemelos o el pañuelo son totalmente desterrados de un imaginario colectivo cada vez más pobre. En aras del confort, la comodidad y el libre albedrío estético, el hombre occidental se ha puerilizado de la manera más burda, abrazando la ropa deportiva en su cotidianeidad, y haciendo de la sudadera un asidero mediante el que seguir ligado eternamente a su adolescencia. Algún freudiano pensaría que ahí hay materia para escribir alguna tesis sobre el miedo a la madurez y la infantilización social, pero yo soy periodista. Y como tal, me limito a describir lo que veo. A reseñar la realidad según mis parámetros intelectuales. Teniendo en cuenta todo lo anterior, resulta menos extraño que hoy, en su web, El Mundo publique una noticia absurda: Bárcenas es un malhechor terrible porque viste el mismo abrigo chesterfield que el Al Capone de Brian de Palma en Los Intocables de Eliot Ness. La única explicación posible a este mezquino -y muy burdo- intento de asociación de ideas es lo que comento al principio de este párrafo: al ser la elegancia una cosa momificada en la sociedad actual, desterrada para el españolito medio a nochevieja, bautizos y comuniones, la identificación entre traje de chaqueta y villano de guante blanco parece como más obvia a ojos del populacho. Si 7 de cada 10 hombres españoles salen a la calle cada día abrigados por un chaquetón y 5 de cada 10 no utilizan más que calzado deportivo, cómo no van a encontrar sospechoso utilizar el mismo abrigo que se puso Robert De Niro después de batearle el perolo a un tipo en mitad del almuerzo. Está claro, amigos. Bárcenas es un pájaro de tomo y lomo: ¡si hasta seguro que usa gemelos, el muy cabrón!

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