Crónica

Comentarios

Imagino a Mou cual César anotando esto en sus Comentarios a la guerra de España: “La escaramuza de Pamplona resultó infructuosa. A Mourinho le sirve para resaltar una vez más el carácter rencoroso y mezquino de los hispanos. Es gente pequeña y de ánimo ruin. Son días de ruido y cólera alrededor del campamento. Cada día acuden más hispanos al cerco. Creen tener a Mourinho a pique de fuga. Poca gloria pueden hallar las legiones en este terreno baldío, angosto y oscuro. Mourinho prepara el paso del río por el vado más inestable, las eliminatorias. Es la única forma posible de escapar al linchamiento y arrebatarles su retaguardia.”

……

Mientras España entera se lanza sobre el que creen cadáver de Mourinho, sin conocer todavía que no está muerto sino catártico, otras hienas se lanzan sobre otro cadáver. Sin embargo, este sí que está muerto, y bien muerto. Alrededor del cuerpo sin vida de la dignidad de la nación española danzan como buitres una serie de sinvergüenzas de distinto jaez pero similar calaña personal: son los Bardem, Willy Toledo, Mayor Zaragoza o Sánchez Gordillo. Politicastros, intelectualoides, apesebrados o simplemente bufones, que han salido a la calle este fin de semana como cabeza visible y distinguida de otros cientos de serviles hijos de la infamia a reclamar “paz, diálogo, soluciones y derechos” en nombre de los presos etarras. Erguían con impunidad sus cabezas, pues las saben a salvo de que nadie las reventará con el tiro traidor tan propio de esos a quienes salieron a defender. La derrota moral de España surge inapelable de esa manifestación, cuya relevancia trasciende a la mera vindicación de unos supuestos derechos maltratados por el Estado: una sociedad está podrida cuando los que reclaman justicia no son los asesinados, sino los asesinos; cuando a quienes se atiende es a los verdugos y no a las víctimas, cuando se otorga siquiera un plácet a las ratas que pagan en las celdas el precio por destruir vidas inocentes. España está derrotada desde el momento en que no se condena social y culturalmente a esas voces preeminentes que reclaman “justicia” para los que pegan tiros en la nuca, sino que se les premia con la magnanimidad del silencio, la aquiescencia o el olvido.

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